Día 435: Me ofrecen antidepresivos

De pequeña tenía dermatitis atópica, un problema de la piel bastante engorroso que me dejaba la parte interna de rodillas y codos la mitad del tiempo en carne viva y la otra mitad escamosa y reseca. No había crema de farmacia, con o sin receta, ni remedio casero que lo aliviase más que temporalmente.
Con la adolescencia, se me curó.

Al cabo de un par de meses de estar en paro sin prestación, me volvió a salir en una mano. Ya sabía lo que era y todos los trucos posibles: mucha crema hidratante sin perfume, guantes siempre para fregar, jabón de manos de caléndula y, sobre todo, tratar de mantener la cabeza calmada.
La cosa fue yendo a más y, tras pasar -con mi papelito por el que recibo asistencia sanitaria como persona sin recursos- por dermatología, empecé el tratamiento con cortisona en pomada y una crema que cuesta 50 € los 60 gramos. A más de 800 el kilo. No, no la pagué; heredé un tubo a medias de una desconocida, gracias a las redes de solidaridad y apoyo mutuo. Pero eso es otra historia y merece su propio post.

La mano sigue mal y desde hace unos días, empezaba a picarme el cuello. He hecho todo lo posible por no tocarme y estar tranquila pero esta mañana me he despertado con sarpullido y escozor por todo el cuello, barbilla y mejillas.
En el ambulatorio de mi barrio, me he enterado de que mi asistencia para persona sin recursos había caducado hacía un mes, pero me han pasado de urgencia con la doctora. ¿Hubiese tenido esa suerte de no tener la nacionalidad española?
Después de pincharme un antihistamínico vía intramuscular y recetarme uno de primera y otro de segunda generación, mañana y tarde, se produjo la siguiente conversación:

Doctora: ¿Estás intranquila últimamente? ¿Tiene alguna preocupación?
Parada y precaria: Bueno, pues es que resulta que…
Doctora: ¿Quieres que te de antidepresivos?
Parada y precaria: No, gracias. Quiero cierta estabilidad económica y cotizar a la seguridad social.

Esta última frase solo sonó en mi cabeza.

La receta sin descuento para el Prozac la rompí al enterarme del precio.

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